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En el Bajo Cauca los jóvenes son protagonistas del cambio

 
Quieren incidir en su transformación y ofrecer a otros jóvenes mayores oportunidades. Saben que son el presente y la solución a muchos de los problemas de su región. 
 
 
Estefanía Pérez Cervantes, una jovencita de 16 años, nacida en Gómez Plata pero criada en Caucasia, camina feliz en esta tarde de mediados de febrero por los pasillos de la sede central de la Universidad de Antioquia. Hace un par de semanas comenzó a estudiar ciencias políticas, la carrera que soñó desde pequeña porque sabía que a través de ella puede ayudar a transformar su región, de la que, asegura, se siente orgullosa y lleva en su sangre. La región a la que quiere darle todo cuando sea una profesional, dice. 
 
 “Yo amo esa tierra. Todo lo que soy hoy en día se lo debo a Caucasia”, expresa y en sus ojos salta una alegría contagiosa que irradia en toda la ciudad universitaria. Sonriente, inteligente, conversadora, estudiosa, Estefanía cuenta que cuando se enteró de su paso a la universidad no lo podía creer. “Era una noticia muy grande”, dice y al instante recuerda la expresión de su madre, una mujer amorosa pero poco acostumbrada a expresar abiertamente sus sentimientos.
 
-De inmediato se puso roja, me agarró el brazo muy fuerte y me dijo: ‘te felicito hija’ y a mí se me aguaron los ojos.  
 
Y es que no resulta fácil ingresar a la universidad en una región como el Bajo Cauca, donde aún existen pocas oportunidades para que los jóvenes accedan a la educación superior. Estefanía y una compañera más de su colegio fueron las únicas que lograron ganarse un puesto, a finales del 2016, en la universidad, una competencia donde cada semestre se presentan miles de jóvenes con sueños intactos. 
 
Y es que, seamos realistas, no resulta fácil ser joven en una región como el Bajo Cauca donde las oportunidades escasean, una zona que tradicionalmente ha sido estigmatizada y mirada con prejuicio y donde, durante varios años, se ha marcado a los jóvenes por su condición y vulnerabilidad. Una región en la que, paradójicamente, el 53 por ciento de su población tiene menos de 24 años, según el Anuario Estadístico de Antioquia del 2014. 
 
Gracias a LEL Juvenil se logró conformar, en octubre de 2015, la Red Bajo Cauca Joven, una organización que asocia a jóvenes de los seis municipios del Bajo Cauca para ofrecerles mayores oportunidades. Fotos: LEL Juvenil.
 
Estigmatizados
 
Jhonatan Angulo, trabajador social y líder juvenil de Caucasia, explica que durante muchos años la gente en la región tomó como normal que sus pobladores se dedicaran al cultivo de coca. Con ella la bonanza poco a poco fue llegando a estas tierras, lo que se hacía evidente en la compra recurrente de autos lujosos y en mansiones ostentosas. “Eso fue un efecto muy negativo para la sociedad y para los jóvenes, porque era como estar anestesiado. Mucha gente creía que eso era normal y lo seguía replicando”, asegura. 
 
La situación se fue complicando tras la desmovilización de los paramilitares, en 2006, y la posterior extradición de varios de sus jefes a EE.UU. Así, la zona que estuvo bajo su absoluto control durante más de una década, empezó a ser disputada por disidencias de estos mismos grupos ilegales. 
 
“Entonces –advierte Jhonatan–, comenzó un período de violencia crudísimo, donde los jóvenes fueron víctimas y victimarios. Eran tanto jóvenes sicarios como jóvenes muertos por bien, por mal, o por estar en un lugar equivocado”. Ya no eran solo las pocas oportunidades que existían para trabajar o estudiar, o los problemas tradicionales como el embarazo adolescente, la drogadicción y las enfermedades de transmisión sexual. Ahora los jóvenes se habían convertido en una amenaza, en un riesgo manifiesto. 
 
A eso se sumó el ingreso de la minería informal e ilegal, lo que creó un coctel aún más álgido en una zona afectada por múltiples problemas.
 
Durante muchos años los jóvenes del Bajo Cauca fueron estigmatizados. Hoy, por fortuna, ya se han ido ganando un nuevo espacio en los escenarios de debate.
Organizándose
 
Este complejo panorama fue el que llevó a un grupo de jóvenes de la región a sacudirse y a tratar de encontrar soluciones para que el problema no siguiera avanzando. A tratar de hallar un camino distinto a la violencia y a la falta de oportunidades. 
 
Eran aproximadamente 30 personas, jóvenes estudiantes de la Universidad de Antioquia en distintas áreas: comunicación social, trabajo social, ingeniería, administración de empresas y tecnología de proyectos. Jonathan, quien para la época estudiaba trabajo social, recuerda las intensas jornadas de reflexión para tratar de definir los lineamientos y objetivos de la organización. 
 
“Queríamos cambiar el imaginario de la sociedad frente a los jóvenes, porque no éramos ni ‘paracos’ ni guerrilleros, ni tampoco unos revoltosos; éramos jóvenes a los que no se nos había brindado oportunidades y queríamos cambiar eso, mostrar una cara diferente del Bajo Cauca”. 
 
Así surgió, en 2012, el Laboratorio de Emprendimiento y Liderazgo Juvenil –LEL Juvenil–, una organización que bajo la figura de asociación busca generar procesos de articulación con las organizaciones que promueven el emprendimiento y el liderazgo de los jóvenes en la región y el país. 
 
Diky Manuel Urrutia, director de la organización y uno de sus fundadores, explica que LEL Juvenil es un laboratorio porque es un centro donde se construyen ideas, se crean nuevos proyectos  y se desarrollan iniciativas en favor, principalmente, de la población joven de la región.
 
“Queríamos tener una organización que se encargara de potenciar oportunidades a través de los mismos jóvenes, de generar nuevos liderazgos, de trabajar experiencias de asociatividad en los municipios, de animar la participación de los jóvenes en escenarios de toma de decisiones y fomentar el emprendimiento en esta población”, manifiesta. 
 
Conociendo sus derechos
 
Para que eso fuera posible lo primero que hicieron fue analizar el Estatuto de Ciudadanía Juvenil (Ley 1622 de 2013), a través del cual se garantiza a todos los jóvenes del país el ejercicio de sus derechos y “la adopción de las políticas públicas necesarias para su realización, protección y sostenibilidad”, como reza el Artículo 1 de la Ley. Luego, a la par que formalizaban la organización, empezaron a socializar el Estatuto con los estudiantes y personeros en los colegios a través de conversatorios, charlas y foros.
 
Con esta Ley ya había una ruta que los jóvenes podían seguir para empezar a reclamar sus derechos. Ya era claro que debían existir en todos los municipios oficinas de juventud y que en cada localidad debían desarrollarse políticas públicas de jóvenes, para lo cual existían unos recursos que debían ser destinados a esos temas, explica Jhonatan. 
 
En uno de los primeros foros que realizó la organización, reflexionaron sobre el acceso de los jóvenes a la educación superior y la pertinencia de algunos programas en la región. También realizaron una feria de ciencia y tecnología, donde los muchachos de distintos colegios mostraron su talento. Estas actividades fueron poniendo en boca de los ciudadanos el trabajo que los jóvenes venían haciendo en el Bajo Cauca. 
 
“Así, poco a poco, la gente escuchaba hablar de nosotros”, dice Jhonatan. 
 
Cuando ya se habían constituido, lograron acceder a una convocatoria del Ministerio del Interior para desarrollar en varios colegios del Bajo Cauca la Cátedra de la Paz. Luego vino el respaldo del Programa Colombia Responde, de USAID, quien los apoyó en el diseño de las políticas públicas para varios de los municipios de la zona que carecían de ellas, como Cáceres y Zaragoza, y la actualización de las mismas para las localidades donde ya existía pero no funcionaban. 
 
Este proyecto también les permitió fortalecer las oficinas de la juventud, mientras trabajaban de forma simultánea en los comités juveniles de las juntas de acción comunal, un proyecto desarrollado con recursos de la Gobernación de Antioquia. 
 
La constitución oficial de LEL Juvenil, en enero de 2014, impulsó a otros jóvenes a crear sus propias organizaciones e iniciativas. Antes de esa fecha, según reporta la Cámara de Comercio de Medellín, no existía en la zona ninguna otra organización de este tipo. “Muchos jóvenes vieron que si se organizaban podían contratar con el Estado, con las alcaldías, que podían hacer realidad sus proyectos. Entonces comenzaron a mirar a LEL Juvenil como un ejemplo y se constituyeron alrededor de 10 ó 12 organizaciones en todo el Bajo Cauca”, continúa Jhonatan. 
 
La organización siguió trabajando en la construcción de ciudadanía y en la dinamización de los jóvenes en temas relacionados con la paz, por lo cual continuaron fortaleciendo la Cátedra de la Paz pero adecuada a la realidad de su territorio. Este proyecto lo desarrollaron no solo en los seis municipios del Bajo Cauca sino también en Valdivia, Briceño y Anorí, poblaciones del Norte antioqueño ubicadas en la región del Nudo de Paramillo. En total lograron formar cerca de 1.300 jóvenes. El evento concluyó con la realización simultánea, en cada uno de los nueve municipios, de la Semana por la Paz, donde cientos de personas se tomaron las calles de sus pueblos para pedirle a los grupos violentos que los dejaran vivir en paz. 
 
La constitución oficial de LEL Juvenil, en enero de 2014, impulsó a otros jóvenes a crear sus propias organizaciones e iniciativas.
 
Aprender a ser líder
 
El trabajo de LEL Juvenil con los jóvenes de los colegios fue el que le permitió a Estefanía, la nueva estudiante universitaria, afianzar el liderazgo que ya empezaba a tener desde grado décimo en la Institución Educativa Santo Domingo, cuando algunos de sus compañeros le propusieron que se lanzara como personera. “Yo empecé a darme cuenta que tenía cosas por las cuales podría sobresalir, cuando a mi colegio empezó a ir LEL juvenil a dar charlas en temas de sexualidad y la Cátedra de la Paz”, manifiesta. 
 
“A mí me encanta su trabajo, eso es lo que yo quiero hacer”, pensó Estefanía. Y fue gracias a ese interés que logró convertirse en la presidenta de la Red de Contralores y Personeros de Caucasia, instancia promovida por LEL Juvenil en acuerdo con la Oficina de la Juventud. Gracias a este trabajo, Estefanía fue vinculándose con la organización y empezó a acompañarlos en los recorridos que hacían con la Cátedra de la Paz por los distintos colegios, llevando un mensaje de perdón y reconciliación.
 
“Para mí fue algo muy satisfactorio, LEL Juvenil fue un impulso muy grande para fortalecer a los jóvenes, pero lo mejor es que antes que una organización son seres humanos”, explica y no titubea en afirmar, cuando se le pregunta por una definición de la organización, que LEL Juvenil es “fuerza, motivación y fortaleza”. 
 
El impulso de Estefanía fue tan grande, que en 2015 fue destacada por la Gobernación de Antioquia como Joven Lectora, y un año después representó a los jóvenes del Bajo Cauca en un encuentro regional realizado en Medellín. 
 
Ahora sostiene con firmeza que algún día quiere ser congresista de la República para ayudar a su región. Para eso tendrá que pasar un buen tiempo, pues dice que en la actualidad el congresista más joven tiene 37 años y ella apenas ronda por los 16. Pero Estefanía quiere seguir buscando sus sueños y aprovecha para decirle a otros jóvenes que a pesar de las dificultades es posible alcanzar las metas si se trabaja con dedicación y sacrificio, y si cada joven cree en sus capacidades. 
 
Sabe, además, que los jóvenes ya no son el futuro sino el presente del país y que en sus manos está la transformación de Colombia. Para ello retoma las palabras de Jaime Garzón, periodista y defensor de los derechos humanos asesinado en Bogotá en agosto de 1999: 
 
“Él dice que si nosotros los jóvenes no tomamos el mando de nuestro país nadie, absolutamente nadie, va a venir a salvarnos”.
 
Con esfuerzo, Estefanía, de 16 años, está empezando a cumplir sus sueños. Recientemente ingresó a la Universidad  de Antioquia y dice que quiere ser congresista de la República para ayudar a su región.
 
Red Bajo Cauca Joven
 
Gracias a la existencia de LEL Juvenil se logró conformar en octubre de 2015 la Red Bajo Cauca Joven, una organización que asocia a jóvenes de los seis municipios del Bajo Cauca para ofrecerles mayores oportunidades. Pablo Emilio Otero, integrante de la Red en el municipio de El Bagre, cuenta que este trabajo fue un poco más allá de la simple formalización de una organización. 
 
“Fue primero incentivar, crear conciencia en los jóvenes, enseñarles sobre la importancia que tiene la asociatividad, sobre todo en un entorno como el nuestro que es bastante precario por el olvido estatal, por la violencia, por múltiples factores”, reflexiona.
 
Pablo reconoce que en su municipio la Red se ha concentrado en el trabajo social con niños y jóvenes, sobre todo en temas como salud sexual y reproductiva, prevención de la violencia y participación ciudadana. Sin embargo, en el tema de sostenibilidad de la organización, las cosas no han sido fáciles porque aunque los jóvenes sienten el deseo de trabajar y ayudar a sus comunidades, si no pueden vivir de algo tienen que salir del pueblo en búsqueda de mejores oportunidades.  
 
Para hacer sostenible la asociación, para mantenerla en el tiempo, en la Red se han dado cuenta que deben impulsar proyectos productivos como los de especies menores como peces y aves. La idea, explica Jhonatan Angulo, quien también hace parte de la Red, es establecer una empresa avícola subregional para comercializar huevos y no tener que traerlos de otras regiones. “La Red quiere enfocarse en una idea productiva que le dé sostenibilidad a las otras organizaciones que hacen parte y para que las que aún no se han vinculado se animen a articularse”, dice. 
 
En esta propuesta vienen pensando desde hace algunos meses y analizando quiénes podrían ser los aliados clave y la estrategia para llevarla a cabo. “Es un proyecto bastante ambicioso”, enfatiza Pablo. 
 
Lo que ellos buscan finalmente, explica Pablo, es una oportunidad, una posibilidad para los jóvenes en una tierra que durante décadas ha carecido de ellas. "A los jóvenes lo que menos nos importa es que nos miren, lo que nos interesa es que nos den oportunidades para construir nuestros sueños", sentencia. 
 
Líderes, artistas, deportistas, académicos. En los últimos años esta región ha visto llegar nuevas oportunidades para sus jóvenes.
 
LEL Alimentos
 
Por ser parte de su filosofía y de los lineamientos con que fue creada, para LEL Juvenil es fundamental desarrollar ideas que permitan continuar trabajando y mejorando las posibilidades de los jóvenes en su territorio. 
 
Así surgió la idea es establecer una fábrica embotelladora de jugos naturales, una empresa basada en un enfoque social y productivo que bajo una marca propia permitirá aprovechar las frutas que se producen en toda la región para convertirlas en jugos con un mayor porcentaje de fruta que los que existen actualmente en el mercado. 
 
En el proyecto vienen trabajando desde noviembre del 2016, gracias al apoyo de Colombia Responde quien les ha facilitado las máquinas procesadoras. 
 
Esta unidad productiva tendrá tres momentos, el primero es  la captación de la materia prima, el segundo es el de transformación y el tercero de comercialización. Diky Manuel Urrutia estima que una vez la planta entre en funcionamiento, en este primer semestre, empleará unas diez personas entre vendedores, un gerente, operarios, un ingeniero y un tecnólogo de alimentos, una impulsadora, un contador y una auxiliar contable. Pero confían en que esa cifra se multiplique a medida que la empresa comience a crecer. “Además, en la parte de comercialización vamos a hacer alianzas con las organizaciones de jóvenes de la Red”, agrega. 
 
Los jóvenes empiezan a sacudirse de su letargo en el Bajo Cauca antioqueño y de la escases de oportunidades que ha sido constante en su breve historia. Diky Manuel Urrutia cuenta que ahora han entendido que son protagonistas del cambio y poco a poco han empezado a construir confianza con otras instituciones. “Ahora estas organizaciones se sientan y conversan al mismo nivel con alcaldes, gobernadores y altos funcionarios del gobierno para ser sus aliados en proyectos productivos y no simplemente receptores de un servicio”, complementa.
 
Pese a las dificultades y aunque aún falta mucho camino por recorrer, Pablo Emilio Otero, de la Red de Jóvenes de El Bagre, cree que esta región ha avanzado en el tema de los jóvenes. Asegura que este tipo de procesos no solo le ha quitado jóvenes al conflicto armado sino también a la delincuencia común y a la drogadicción. “Hemos logrado quitarle a muchos jóvenes, e incluso a muchos niños, quienes ven en estos jóvenes un gran ejemplo”. 
 
Y concluye: “A esos niños también hemos logrado sembrarles la esperanza de que sí pueden trabajar un proyecto de vida, de que sí pueden ser profesionales, de que no es necesario tener un fusil para que los escuchen”.