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Con empresa de reciclaje mujeres del Bajo Cauca generan conciencia ambiental

 

Un grupo de mujeres de esta subregión encontraron en el reciclaje la oportunidad para obtener un ingreso extra y de paso contribuir a mejorar el medio ambiente.

Cerca de 500 toneladas de material reciclable ha dejado de recibir el relleno sanitario de Caucasia desde hace un par de años. Bueno, también las quebradas, el río, los alcantarillados y las calles de este municipio del Bajo Cauca antioqueño. Esto ha sido posible gracias al trabajo de un grupo de mujeres de la subregión, que con ayuda de la cooperación internacional encontraron en este material una oportunidad económica para muchas de ellas. Pero, mejor aún, hallaron una alternativa para mejorar el medio ambiente mientras transforman conciencias.

“¿Cuántos árboles hemos dejado de talar y cuántas mujeres tienen conciencia de estar reciclando y están enamoradas de este proyecto?”, reflexiona Enilsa Regino, una reconocida líder de Caucasia, quien desde sus inicios le ha puesto el hombro y el corazón a este proyecto.

 

Enilsa hace referencia específicamente a Recíclate, una iniciativa empresarial que aprovecha todos esos materiales desechados en los hogares para convertirlos en una oportunidad económica para decenas de mujeres. Una posibilidad para que ellas obtengan un ingreso extra y de paso contribuyan a mejorar el medio ambiente.

Con ayuda del Programa Colombia Responde, de USAID, desde abril de 2015 en Caucasia y El Bagre viene funcionando este emprendimiento que cuenta con un Centro de Acopio Local -CAL-, hasta donde llegan diariamente cientos de kilos de reciclaje para ser clasificados en plásticos, cartón, vidrio, botellas pet y metal. Este material es compactado,  empacado y luego comercializado en Medellín o en el mismo municipio con sus aliados estratégicos. Cada CAL está dotado de una compactadora, una pesa, estibadores y un equipo de computador con un software en línea para llevar las cuentas.

Las responsables de recuperar el material en las viviendas son las mujeres que integran la Red de Mujeres Subregión Bajo Cauca -Remusbac-, quienes son denominadas matrices y toman como punto de trabajo las viviendas del sector donde viven, que pueden ser unas 30, 40 ó 50 casas. Son ellas las encargadas de recoger minuciosamente el material y ubicarlo en una zona cercana llamada punto ecológico, donde es recogido por un motocarro que lo transporta hasta el CAL. 

María Zenaida García separa diariamente el material reciclable en el Centro de Acopio Local -CAT-. Como ella, más de una veintena de mujeres de El Bagre trabajan en labores de reciclaje, un oficio tan digno como cualquier otro.

 

“Las matrices son las mujeres nuestras, las mujeres de nuestras organizaciones que quieren meterse en este negocio y a la vez aportar su granito de arena a la parte ambiental”, explica Enilsa Regino, representante legal de Remusbac y fundadora de la Asociación de Mujeres de Caucasia, Asomuca. Ellas son el soporte, la razón de ser de esta organización que, poco a poco y con mucho esfuerzo, se han ido ganando la legitimidad de los ciudadanos.

David Cardona Arbeláez, un joven administrador de empresas que realiza su práctica con la organización, cuenta que el Centro de Acopio tiene una estructura de rutas que hace posible recolectar el reciclaje en todos los sectores de Caucasia. “Está la ruta institucional, que comprende instituciones educativas, hospitales y universidades; la ruta comercial, de los pequeños y medianos comerciantes; la ruta empresarial, compuesta por las empresas más grandes que producen una mayor cantidad de material; y la ruta residencial que es manejada por las matrices, quienes se encargan del reciclaje en los hogares”, explica.

 

Esta tarde de jueves de inicios de abril, Enilsa se encuentra reunida con Nohelia Mora Laverde, la presidenta de Asomuca y veedora de la iniciativa; con Marta Domicó, administradora en salud sanitaria y ambiental y quien trabajó en el proyecto como coordinadora operativa. También la acompaña David Cardona Arbeláez, administrador de empresas de la Universidad de Antioquia. Enilsa, Nohelia, Marta y David aprovechan para conversar sobre este proyecto y lo que su puesta en marcha ha significado para una región donde la conservación del medio ambiente nunca había sido prioritaria. Además, hablan del desafío que les ha implicado crear una empresa como esta y la dificultad de insertarle a las mujeres la idea de ser empresarias.

Tanto Enilsa como Nohelia y Marta concuerdan en que uno de los más grandes retos de este proyecto ha sido empezar a cambiar la mentalidad de las personas sobre la necesidad de reciclar y cuidar el medio ambiente. “A medida que se fue trabajando -explica Enilsa-, nos fuimos dando cuenta que había que ir más allá de un simple negocio y había que sensibilizar a las personas para poder captar el material”.

Hasta el Centro de Acopio Local es llevado el material reciclable, donde es separado para luego ser comercializado. En la imagen el CAT de El Bagre, ubicado en el barrio El Bosque.

 

“La gente no sabía reciclar -enfatiza Marta-, no sabía que la mayor parte de lo que se genera en un hogar se puede volver a utilizar o puede ser algo productivo”. Por eso una de las primeras actividades que desarrollaron fue visitar los colegios para sensibilizar a los estudiantes en torno a la importancia del reciclaje. También hicieron lo mismo en otras instituciones como iglesias y empresas, capacitando a las personas encargadas de los temas medioambientales. Luego, empezaron a visitar cada vivienda, cada familia, explicando la necesidad de recuperar el material y empezar a separarlo de la basura convencional.