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La empresa piscícola que quiere cambiarle la cara al sur de Córdoba

 

Dos localidades situadas en la región del Nudo de Paramillo que han resistido, en silencio, los embates de la guerra, hoy se esfuerzan por darle vuelta a la página con un proyecto piscícola. 

La finca que años atrás concentraba a los hombres de la guerra, a los amos y señores de estas tierras del sur de Córdoba -golpeadas como tantas otras por el conflicto armado colombiano-, es ahora sede de un próspero proyecto piscícola, una iniciativa jalonada por unos campesinos emprendedores que están empeñados en cambiarle la cara a la región. 
 
Si uno es consciente, sabe que está en todo el epicentro del conflicto armado, advierten los campesinos del corregimiento de Villanueva, ubicado a unos cinco kilómetros del municipio de Valencia, en el departamento de Córdoba. Ellos hacen referencia a dos reconocidas haciendas, que luego de pertenecer a los grupos ilegales, pasaron a sus manos para que de ellas empezara a brotar la vida a través de las cosechas de pescado.
 
Marcos Díaz Hernández, un hombre emprendedor, un trabajador incansable y de férrea disciplina, es la persona que ha sabido liderar el proyecto piscícola del que dependen unas 230 familias de Valencia y Tierralta. Se trata de la Red de Organizaciones Piscícolas del sur de Córdoba -Sinupez-, de la cual Marcos es su representante legal. Sinupez es una organización que reúne a 13 asociaciones de ambos municipios y se dedica a la producción de alevinos y a la comercialización de pescado en toda la región. 
 
Se asociaron para trabajar de la mano, para fortalecerse como organización y así abrir más puertas, explorar nuevos mercados y beneficiar a más familias. Partieron de la tradición piscícola de la zona, gracias a los espejos de agua que abundan allí y a las aguas profundas del río Sinú, que atraviesan estos municipios y siempre han traído en su interior abundante bocachico. Sabían que existía potencial y había que aprovecharlo. Así empezó todo.
 
Valencia y Tierralta han sido tierra de pescadores, tradición que han sabido aprovechar en la Red Sinupez para crear una iniciativa empresarial y mejorar los ingresos de sus familias.
 
Camino lleno de obstáculos
 
Pero este emprendimiento no ha sido fácil, pues años atrás en esta región eran escasas las posibilidades de encontrar un buen futuro. Hubo un tiempo, por ejemplo, en el que los hombres no tenían más opción que integrarse a las filas de los grupos al margen de la ley, y las mujeres no contaban con otra alternativa que convertirse en sus esposas. Fue por eso que Marcos, quien no ha sido hombre de armas y para evitarse problemas, se marchó con su familia para Barranquilla, decidido a ganarse un espacio en la ciudad, lejos de su tierra. Allí estudió una técnica en auxiliar contable pero nunca pudo estabilizarse laboralmente. “La ciudad como que a veces no es para uno”, dice. Cinco años después regresó al municipio vecino de San Pedro de Urabá, donde trabajaba su padre. Allí consiguió un puesto como bodeguero en una finca de la zona, donde permaneció cinco años más. Hasta que, en 2008, cuando la marea de la violencia había bajado, regresó a Valencia con una idea en su cabeza. 
 
“Mi sueño siempre había sido tener mi propio negocio”, confiesa. Decidido a hacerlo realidad, reunió a varios de sus amigos de infancia y les propuso la idea de crear una organización piscicultora. La asociación se llamó Asojopaz -Asociación de Jóvenes por la Paz-, nombre con el que buscaban llevar un mensaje distinto a una región aporreada por la confrontación. 
 
“Arrancamos con 4 mil bocachicos y mil tilapias rojas. Tocamos puertas, la Umata nos donó diez jaulas flotantes. Pero no teníamos el conocimiento técnico y la piscicultura que no se tecnifica no da plata”, explica Marcos. 
 
La tilapia no arrojó utilidades y luego de un año varios de sus socios se habían quedado en el camino. “Tal vez esperaban mejores resultados en un tiempo más corto”, reflexiona Marcos. Y complementa: “La verdad es que fuimos aprendiendo a los golpes”. 
 
Sin embargo, Marcos -que es optimista por naturaleza- guardó esperanzas y él y los socios que quedaron siguieron tocando puertas. Se endeudaron, consiguieron capacitaciones en el Sena y para presentarse a una convocatoria del Departamento de la Prosperidad Social, asociaron a sus esposas. La Umata municipal les dio el aval. 
 
Con ese apoyo construyeron tres estanques, compraron dos congeladoras, dos mesas de viceramiento, cavas de enfriamiento para preservar el producto, e implementos de pesca como atarrayas y trasmallos. Luego, con el apoyo del Programa Colombia Responde, de USAID, pudieron construir una sede que convirtieron en un restaurante donde la gente del municipio iba todos los domingos a comer pescado. “Ese restaurante fue un éxito total”, recuerda Marcos. A ese proceso se sumó La Fundación Vivir Mejor y de nuevo el Programa Colombia Responde. Ambos se unieron para incubar varias empresas, entre ellas la Red Sinupez. Tanto esfuerzo, tanto sacrificio, parecía estar rindiendo frutos. 
 
Otra de las características del sur de Córdoba son sus abundantes espejos de agua, donde es posible cultivar especies como bocachico o bagre.
 
Un moderno laboratorio
 
Con el paso del tiempo los asociados de la Red Sinupez se dieron cuenta que una de sus más grandes necesidades era la consecución de los alevinos, la semilla que se utiliza para mantener equilibrada la producción. De esa carencia surgió la iniciativa de gestionar con Colombia Responde un laboratorio para la reproducción inducida de especies nativas como bocachico, carpa, bagre y cachama. Este laboratorio les permitiría vender la semilla a un precio más cómodo a sus asociados y a los otros productores de la zona. 
 
“Antes, los productores tenían que ir hasta el Bajo Magdalena para comprar los alevinos: tenían que pagar transporte, pernoctar en la zona, salir madrugados de allá y llegar a repartirlos a los productores”, explica Ur Alonso de la Barrera, director técnico del proyecto. Gracias al apoyo de la cooperación internacional, ese sueño es una realidad que hace sentir orgullosos a todos los integrantes de la red. Ahora la organización ya cuenta con unas sofisticadas instalaciones en las que hay 15 estanques, un laboratorio, incubadoras y unos 47 mil metros cuadrados de espejos de agua. Toda esta infraestructura les permitirá, a mediano plazo, producir cerca de un millón 500 mil alevinos. 
 
Algunos de los asociados de la Red Sinupez.
 
Beneficios
 
Todos los asociados saben que la Red Sinupez les ha traído muchos beneficios, como el hecho de poder vender su producto a un precio más justo, lo que estimula su trabajo. Esto evita a los intermediarios comerciales, que son los que en la actualidad se quedan con buena parte de las ganancias y le hacen daño al productor, afirma Ur Alonso de la Barrera.  
 
Esta actividad, explica el especialista, permitirá mejorar la economía del municipio, pues está demostrado que, bien manejada, la acuicultura puede ser incluso más rentable que la ganadería. 
 
 
Otra de las ventajas que han tenido los productores es la oportunidad de capacitarse en la transformación de la carne de pescado. Entre los meses de mayo y junio de  2016, 25 de ellos se formaron con la Universidad de Córdoba en la elaboración de productos como chorizos, salchichas, nuggets, butifarra y filetes. Y es que, como dice Ur Alonso, antes existía la creencia de que el pescado solo se come frito, “pero poco a poco le hemos demostrado a los productores que en un futuro no muy lejano podremos montar una sala de procesamiento pequeña donde pueden poner en práctica lo aprendido”. Esto será posible en un siguiente momento, pero viendo el crecimiento de la Red, nadie duda que pronto será una realidad. 
 
Ramón Antonio Barón, presidente de la Red, es optimista y sabe que esta iniciativa le está cambiando la cara a esta región, gracias al esfuerzo de un grupo de productores piscícolas decididos a transformar su presente y su futuro. El líder productor cree que este esfuerzo está siendo observado por sus hijos y que en un futuro tal vez sean ellos los que continúen con su legado. Espera también que muy pronto, como había soñado alguna vez con su asociación, la Red sea cien por ciento sostenible y que las familias asociadas puedan tener un sustento diario. 
 
“Pero además -asegura-, este proyecto debe dejar un mensaje para todo el país: que las cosas con dedicación y empeño sí se pueden lograr”. 
 
Marcos también se siente satisfecho porque sabe que con su esfuerzo ha aportado a la consolidación de la paz en este territorio.  “Cuando me vine de Barranquilla, dije que tenía un propósito en este pueblo y es el de dejar un legado: atreverme a hacer una empresa”, concluye. Y es que para este líder, la Red Sinupez es la materialización de ese sueño que nunca abandonó. Aunque, en el fondo, también sabe que esto es apenas el inicio de un futuro más esperanzador para un pueblo que no quiere saber más de la guerra.