Hubo un tiempo en el sur de Córdoba en el que la gente se olvidó de cultivar arroz, plátano, yuca y ñame, y se dedicó con obsesión a los sembrados de coca. El dinero llegaba a borbotones pero también se esfumaba fácilmente y lo peor, llegó el momento en que no hubo en la mesa ni para un plato de comida. ¿Qué hacer? ¿Cómo despertar de la falsa ilusión del dinero fácil obtenido con los cultivos ilícitos? Con el tiempo varios líderes entendieron que para dejar atrás ese pasado y construir un futuro más esperanzador, debían organizarse.
Así surgieron varias asociaciones que poco a poco se han convertido en un medio de reconciliación y perdón abriendo más oportunidades a campesinos y desmovilizados, gracias a la producción de los frutos que tradicionalmente han brotado en esta tierra, los frutos de la paz.
